Día Internacional de Concienciación sobre el Ruido

El último miércoles del mes de abril de cada año se celebra el día internacional de concienciación del ruido, y este 2018 corresponde al día 25 de abril.

Este día se creó en 1996 a iniciativa del Centro de escucha y comunicación (CHC por sus siglas en inglés), y está encaminada a hacer conscientes a las personas sobre los riesgos de la exposición al ruido contaminante.

Nuestro entorno está lleno de sonidos. Cuando un sonido es desagradable o estruendoso, se le clasifica como ruido.

El ruido es una forma de contaminación de la que poco nos hacemos conscientes y a la que estamos expuestos constante y cotidianamente.

La mayoría de los países tiene regulaciones sobre lo que es el ruido y cómo controlarlo. A pesar de ello, vivimos en una sociedad y en un mundo ruidosos, y esto a la larga afecta nuestra salud.

Entre los efectos nocivos del ruido, tenemos los siguientes:

  • Aumento en los niveles de estrés
  • Dolor de cabeza
  • Sordera parcial o total, temporal o permanente.
  • Malestares estomacales.
  • Agravamiento de enfermedades que ya se tienen

Ahora bien, ¿a partir de qué momento podemos considera que un sonido es contaminante?

El ruido es un fenómeno físico, y como tal, puede ser medido. Para medirlo se utiliza un aparato que mide la presión acústica, es decir, la presión que producen las ondas sonoras, en este caso sobre el sensor del aparato, y la unidad de medida es el bell, y para usos prácticos se divide y maneja en decibeles o decibelios.

La escala de decibeles no es una escala aritmética, sino logarítmica, esto significa que comparando un sonido de escala 2 (20 dB) con uno de escala 1 (10dB), no será el doble de fuerte, sino que será 10 veces más intenso.

¿Entonces qué tan intensos son los sonidos de la vida cotidiana? Nuestra vida cotidiana está inmersa en un sonido constante. Si estuviéramos en el campo, alejados de las ciudades, en un día tranquilo con apenas una muy leve brisa y absolutamente tranquilos, el sonido del movimiento de las hojas sería apenas de 20 decibeles. Un secreto contado con un susurro al oído, alcanza 30 dB, mientras que en el interior de una biblioteca hay un nivel de sonido de 40db. Una conversación común y corriente, oscila entre los 60 y 65 decibeles.

Andar por la calle en una ciudad promedio nos expone a un ruido de entre 70 y 80 dB, un nivel que si bien, de momento no resulta molesto, después de varias horas de exposición produce dolores de cabeza, malestar general y aturdimiento. Además, a largo plazo puede producir sordera total o parcial, siendo la más común la sordera tonal, en la que se dejan de escuchar ciertas frecuencias.

Sonidos más peligrosos son los que se sobrepasan los 90 decibeles. A partir de este nivel la exposición causa efectos inmediatos en el oído, conocidos como trauma acústico. Mientras más intenso es el sonido, menor tiempo de exposición se requiere para provocar el trauma acústico, que consiste en la pérdida parcial o total de la capacidad de escuchar, aunque se va recuperando poco a poco, una vez que la fuente de ruido ha cesado. Esto es muy frecuente después de los conciertos en vivo, en que los asistentes salen hablando a gritos ya que sus oídos se encuentran aturdidos por el trauma acústico. El sometimiento a constantes traumas acústicos es una causa de sordera.

Los ruidos que sobrepasan los 110 dB provocan sensaciones dolorosas. Es, por ejemplo, el sonido de un martillo neumático o un trueno. En estos casos se recomienda utilizar supresores de ruido para evitar daños graves.