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Literaria

Guía de cómo hacer un eficaz golpe de estado

 

 Les explico el camino que se debe seguir para que un golpe de estado triunfe, podríamos llamarla «Guía de cómo hacer un eficaz golpe de estado». Por supuesto que el mérito de esta obra no es mío, solo me puedo atribuir el tiempo que pasé analizando unos y otros de los muchos que se han producido, sacando conclusiones, viendo qué tienen en común y, por último, poniendo en unos apartes las facetas únicas de cada uno, es decir, las peculiaridades que cada uno de ellos tiene.

Debo comenzar avisando que esta guía tiene dos visiones, que no es lo mismo que dos partes, es como escribir dos obras en una: la visión que tienen los que ejecutan este acto sobre lo que están haciendo y la que tiene el resto del mundo que por mayoría y, por tanto por lógica, llamaremos realidad.

Así es el comienzo:

Lo primero que debe tener un golpe de estado que se precie es una ideología, porque esta nos llevará a las intenciones posteriores y muy posiblemente a la forma de ejecutarlo. Los motivos no importan tanto, ya nos los inventaremos cuando estemos en el poder.

El pensamiento del ejecutor, en un porcentaje muy alto, pasa por la salvación. Quiero decir, se autoproclaman «salvadores de la nación». Según ellos la salvan del caos (nombre que ellos le ponen a las distintas libertades), de la pobreza (que ellos mismos crearon para justificar este acto), de los demonios (un golpe sin una iglesia detrás no es un golpe completo) y de las ofensas a la «madre patria» (que es como ellos califican a la libertad de expresión).

Una vez que el título de «salvador de la nación» está asumido, debemos saber quién está a nuestro lado y a quién debemos alejar. Normalmente de nuestro lado está el ejercito, o mano ejecutora, la iglesia, que le da una bendición moral, las grandes empresas, que patrocinaran a cambio de pingües beneficios y posiblemente mano de obra esclava y sobre todo los medios de comunicación a los que debemos controlar de inmediato porque ellos son los que impregnaran los cerebros de la gente con nuestras ideas.

¿Quién está en contra?

Hay un enemigo tan mortal como temido y por eso suele ser el más atacado. Hablo de la cultura y de todo lo que suene a eso. El pueblo debe ser manipulable y para eso debe ser mientras más inculto mejor, lo ideal sería que no supieran ni leer ni escribir para que se pudieran creer todo lo que se les cuenta sin cuestionar nada. Aunque esto es lo de menos porque al que lo cuestione se le fusila como traidor y punto.

Sabiendo estos principios lo demás viene rodado y siempre es lo mismo. Se sale a las calles exhibiendo armas y poder militar, se aísla (o secuestra) al gobierno que esté en el poder para poder hacerlos después a fuego lento y en estofado, se toma el parlamento y se vacía de indeseables y por último se toman los medios de comunicación desde los que comenzaremos a dar consignas y amenazas tácitas.

Esto garantiza el éxito inicial, pero no olvidemos que los primeros compases del nuevo régimen serán importantes.

Pondré solo algunos ejemplos:

Hay que asustar a la población con una debacle de proporciones bíblicas por culpa del despilfarro de los anteriores, la palabra «crisis» debe estar presente en cada ámbito de vida. Ahora que lo pienso esto me suena mucho, no sé, quizá sean paranoias mías.

También se deben «filtrar» las noticias y desviar la atención de los ciudadanos. Tenemos un ejemplo perfecto aquí mismo, cuando Rajoy compareció ante los tribunales la televisión daba un documental sobre hierbajos, cuando la policía cargó contra los manifestantes el documental era de viajes y cuando Cifuentes dimitió se habló de algo la boda de una artista o cuando imponen términos que parecen de cuentos de la Edad Media, como obligar a los periodista a que en vez de decir «financiación ilegal» digan «admisión de donaciones deficientemente realizadas».

Esta es, en resumidas cuentas, la Guía de cómo hacer un eficaz golpe de estado, sin embargo, bien podría ser una guía de cómo manipular, cómo mentir, cómo tener tanta cara dura y no morir por la vergüenza y sobre todo, cómo tener tanta codicia de poder y sobrevivir.

Posiblemente la culpa sea nuestra, no puedo dejar de pensar que las intenciones que tenía cuando era más joven eran utópicas, irrealizables y por desgracias, solitarias. Pero no me entristezco por ello, sigo siendo un optimista empedernido y espero, como siempre hice, a que alguna vez abramos los ojos y nos demos cuenta de que el más sencillo suele ser el mejor camino. Paz amigos.

Pedro Cuéllar