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Alcohol y política, mala combinación

Hace unos días se desato una polémica por las declaraciones del conductor de radio Antonio Esquinca, lo que ocasionó su salida temporal de grupo Radio Centro.

Alcohol y política
Los efectos del alcohol sobre la mente pueden ocasionar situaciones incómodas.

El conductor de la estación Alfa radio, se refirió a la propuesta del candidato de Morena, Andrés Manuel López Obrador, utilizando un lenguaje soez y altisonante, que por sí mismo es impropio de un personaje de los medios de comunicación.

Además de ser ofensivo tanto al candidato cómo al partido y grupo de población al que representa.

La empresa de comunicaciones, Grupo Radio Centro, a la que pertenece este locutor decidió suspender temporalmente por 30 días hábiles de sus espacios radiofónicos.

Mientras tanto el conductor, a modo de disculpa, dijo que esas declaraciones las hizo bajo el influjo del alcohol, que es dependiente y que entrará a un proceso de rehabilitación. Además de ofrecer disculpas al candidato de la coalición.

En nuestra vida cotidiana es frecuente que el alcohol se utilice tanto en contextos de esparcimiento como de trabajo, como un elemento “para agarrar valor” y realizar acciones que normalmente no haríamos.

Esto se debe a que el alcohol, es una sustancia que tiene efectos a nivel fisiológico y cerebral qué producen un efecto de euforia y desinhibición. esta desinhibición de debe a que el cerebro libera endorfinas, que son un tipo de neurotransmisores, al mismo tiempo que estimula otro compuesto presente en el cerebro llamado glutamato.

Las endorfinas son compuestos que nos hacen sentir bien, liberar la tensión emocional y disminuir la sensación de dolor.

El glutamato nos hace estar alerta, es un neurotransmisor estimulante. La combinación de ambos neurotransmisores provoca que los centros de alerta del cerebro se inhiban y se dé rienda suelta al pensamiento e incluso acciones qué normalmente reprimimos. Este efecto desinhibidor también permite que el cerebro utilice canales de pensamiento que habitualmente no usa, por lo que se asocia con el pensamiento lateral y la creatividad.

Es por ello que no es desaconsejado un consumo moderado de alcohol.

Al mismo tiempo, el alcohol hace que el cerebro produzca dinorfinas y gaba, que son los neurotransmisores antagónicos a las endorfinas y el glutamato.

Las dinorfinas provocan un decaimiento en el estado de ánimo, un estado depresivo, mientras que el gaba provoca un estado de adormecimiento y lentitud. Además, los efectos de estos antagonistas tienen una duración más larga de sus efectos. De ahí que en un mismo evento de consumo, se requiere tomar más alcohol para mantener los efectos estimulantes.

Es esta combinación de estados de relajamiento, excitación, y depresión, en los que las personas se sienten más acoplados al ambiente, se desinhiben para decir lo que en otras condiciones y contextos reprimen o no se atreverían, y finalmente terminan contándole sus sinsabores a la lámpara.

Cuando se usa el alcohol para obtener estos estados de estimulación y adormecimiento emocional, con el paso del tiempo, se requiere una mayor dosis de alcohol para obtener los mismos efectos estimulantes y de desinhibición, lo que crea tanto una dependencia física como psicológica.

Además, el alcohol tiene efectos de deshidratación de las células, lo que hace más lento su proceso de eliminación.

El síndrome de abstinencia del alcohol se produce algunas horas después de ingerirlo, y es lo que conocemos como resaca o cruda. La recomendación para aminorar sus efectos es tomar abundantes líquidos, sin embargo, es común que las personas tomen más alcohol y alimentos picantes, para reactivar el estado de excitación.

Además, la dependencia de a los efectos del alcohol abre la puerta a la búsqueda de otras sustancias estimulantes, tanto legales como prohibidas,