Apropiación cultural

No es un tema nuevo, ya desde los orígenes cuando un pueblo invadía a otro, además de conquistarlo, se adueñaba de tradiciones, cultura y lengua, no es lo mismo, de manera que antes de nada quizá debería dar una explicación de qué es, por qué es diferente y por qué lo considero importante. Se podría definir como la «adopción» o «uso» de elementos culturales por parte de miembros de otra cultura distinta, entrecomillo esas palabras porque eso es lo que debería ser y por desgracia no es. La apropiación cultural se puede dar en múltiples facetas: comida, ropa, costumbre, bailes, símbolos, lenguaje, etcétera. A veces es inevitable, sobre todo en este mundo global, que las culturas se mezclen y se aporten unas a otras, sin embargo me parece muy gravoso y denunciable cuando se hace desde el interés o el enriquecimiento unilateral. Es cierto que hay muchos elementos en la actualidad que son interculturales y nadie se molesta por ello, el problema surge cuando la intención del apropiador, además de no conocer ni respetar el significado, va más allá del mero intercambio. Eso sí es injusto.

Tomemos un ejemplo con el plagio de Isabel Marant, una «famosa» diseñadora francesa (se nota que los amo), de los vestidos y diseños de indígenas y nativos mexicanos. Esta mujer copió el huipil originario de Santa María de Tlahuitoltepec y lo hizo tal cual, es decir, no lo ocultó ni lo disfrazó, demostrando la falta de respeto que tiene por una prenda que, más que un diseño, es parte de la identidad indígena de todo un pueblo. En esa prenda, una blusa, los patrones son el maguey, el sol, las veredas, la montaña, cosas muy relevantes para esta cultura y que la Marant no tiene ni idea de lo que significan, lo considero indignante. No solo está el plagio de la ropa, en el año 2013, la compañía Disney quiso registrar el Día de los Muertos como marca, lo que le hubiera permitido adueñarse del nombre de la fiesta tradicional mexicana y vender todo tipo de productos. La marca argentina Rapsodia, en el 2016, fue acusada de apropiarse del diseño de una blusa tradicional zapoteca, incluso se llegó a denunciar el hecho para que esta marca reconociera y remunerara a la Comunidad de San Antonio Castillo Velasco en Oaxaca, la petición tuvo más 20.000 firmantes, nunca contestaron, es más, me consta que siguieron con su política de copiar diseños de otras culturas. Este año pasado, el 2017, la Comunidad de Tejedoras Maya, en Guatemala, presentó un proyecto de ley para que se las reconozca como autoras, la ley no se aprobó.*

Bajo mi punto de vista, pienso que hay una línea muy fina y difusa que separan el intercambio correcto con la apropiación, casos tan flagrantes como los narrados arriba no son los únicos: el simbolismo de los nativos norteamericanos usados en nombres y diseños de distintos deportes, los bailes étnicos, hasta los tatuajes religiosos que se usan sin saber lo que hay detrás del símbolo. Creo que es inevitable que todo esto ocurra, hay multitud de medios y posibilidades de comunicación como para poder pararlo, pero sí es posible legislarlo y a pesar de que el hecho se produzca, al menos asegurarnos el respeto y si procede, la remuneración o en su caso la desaparición de la infracción. Teniendo en cuenta que tratándose de apropiación cultural, la intención del que la realiza sí cuenta.

 

Pedro Cuéllar

 

 

*(Fuente de esta información AJ+ Español)