El dinero o la vida: Medicamentos en México

La Secretaría de Salud hizo un estudio sobre los precios de los medicamentos en América Latina, y el resultado es que aquí en México los medicamentos e insumos son los más caros de toda Iberoamérica. Estos mismos datos los confirma la asociación Ojo Público, de Perú, que en un estudio del año pasado, dice que los medicamentos en México son el triple más caros que en el resto de América Latina; así como la OCDE, que conforme a su investigación, en México los medicamentos cuestan el doble que en Europa.

Medicamentos más caros que en América Latina y Europa
Medicamentos más caros que en América Latina y Europa

Esto resulta en una situación muy grave para todos los enfermos, que se suma a los altos costos del servicio médico, pues en el servicio médico privado, tanto en clínicas como en consultorios, las consultas de Médico General oscilan entre los $100.00 a los $500.00 pesos (a veces más); mientras que las consultas de especialistas promedias los mil pesos.

Los medicamentos que tienen los precios más elevados, son los utilizados para tratar el VIH, el cáncer y la diabetes. Y estos altos costos no se limitan solamente a los medicamentos, sino que se extienden a otros insumos médicos.

En el caso de la Diabetes, además del costo de la insulina, un diabético debe gastar en las jeringas, glucómetro, tiras reactivas, lancetas, además de complementos vitamínicos. Si a esto se agregan algunas complicaciones como la neuropatía, heridas o el temido pie diabético, que requieren medicamentos cicatrizantes, material de curación y a las que hay que agregar también el costo de las constantes revisiones médicas, estamos hablando que una persona diabética gasta entre tres mil y quince mil pesos mensuales solamente en los gastos médicos, además de los costos de alimentación.

Estas cifras se ven multiplicadas en los tratamientos contra el cáncer, Hepatitis C, VIH y otras enfermedades crónicas.

Las industrias farmacéuticas argumentan que este precio en los medicamentos e insumos es debido a que en su precio van incluidos los costos de los años de investigación y pruebas que requiere cada medicamento, así como a las variaciones de los precios de dólar, que provoca que cada día varíen al alza los precios.

Sin embargo, muchos sectores no están conformes con estas explicaciones, que en nada explican la abismal diferencia en los precios de los medicamentos en diferentes partes del mundo. Lo anterior, debido a que hace relativamente poco, en 2015, existió un escándalo en los Estados Unidos con el medicamento llamado pirimetamina (comercializado desde 1962), pues por decisión de la empresa farmacéutica cambió el precio de $13.50 dólares cada caja, a $750.00, desatando protestas tanto de pacientes como de políticos en todo Estados Unidos.

En México los aumentos no son tan drásticos, pues parece que aprendieron la lección y los aumentan de poco en poco, pero en forma constante.

¿Y los genéricos? Los medicamentos genéricos son solamente una opción parcial a este problema. Los medicamentos, como desarrollo tecnológico, son procesos y sustancias que se patentan, no sólo para proteger a sus descubridores y autores, sino que la patente permite, además, que ninguna otra empresa farmacológica pueda usar esa fórmula, hasta que expire la patente.

Los medicamentos genéricos son medicamentos elaborados con patentes expiradas o de las que algún gobierno ha pagado los derechos para que se produzcan por cualquier empresa farmacéutica. Esto significa que medicamentos nuevos o más eficaces no pueden ser producidos por los fabricantes de genéricos.

Esto es particularmente grave en los antibióticos, pues debido al fenómeno de resistencia bacteriana, los antibióticos clásicos y de los que ya ha vencido la patente y se produce en forma genérica, resultan menos eficaces que un antibiótico de nueva generación, patentado y de fabricación exclusiva de una gran farmacéutica.

Y al no existir regulación ante esta imposición de precios por parte de las farmacéuticas en México, que los hacen el doble de caros que en Europa, y el triple que en el resto de América Latina, nos plantea un grave dilema ante cualquier enfermedad, incluso ante un simple refriado: ¿El dinero o la vida?