El Monterrey de ayer

Por supuesto que fue en otros momentos…

Era otra ciudad, otro Monterrey. Otros tiempos.

El Cerro de la Silla siempre estuvo ahí, imponente, sin sus faldas invadidas de casas de concreto; solo había osos, coyotes y mapaches que todavía vivían ahí antes, muchos años antes de que los ricos compraran sus residencias en Las Águilas.

En la Sierra Madre, igual. La Col. del Valle era eso, una colonia, antes de que el Municipio se extendiera y la depredación se llevara hectáreas completas de bosque para robarle su hábitat a los osos y poner sus residencias con alberca.

Estaba el parque Chipinque en las alturas, pero no rodeado de residencias fastuosas como sucedió conforme transcurrieron los años y el estatus para los sampetrinos se marcaba depende qué tan alto compraras o construyeras tu nueva casa.

Por el rumbo de la Calzada Madero había palmeras y bancas en el camellón central. Estamos hablando de los años 60. Las tiendas del centro eran Sears, El Nuevo Mundo, Barateros de México, La Esquina Gigante, en Ocampo y Juárez; ya existía la Rosa Náutica, el restaurante AL, el Manolín rumbo Venustiano Carranza a un lado del Edificio Santos y el Rubio, frente al Parque Acero, en Fundidora.

Ya también estaba la Fuente Monterrey y la calle Zaragoza comenzó a convertirse por ahí del 67 en sede los lugares llamados hoyos Funky. Los abuelos de los sitios que luego mutaron en los antros. En esos lugares undeground, la raza melenuda iba a buscar música y uno que otro cigarrillo de mota. Muchos años más tarde, los nietos de quienes vieron aquellos sitios, seguían buscando música y drogas más potentes, pero ahora por el rumbo del Barrio Antiguo.

Frente a la Fuente Monterrey donde estaba el Mural de la fundación de la ciudad, una obra multicolor hecha con pedacería de cerámica, estaba por ahí por Zaragoza La Esquina Básica, donde se vendían los discos de moda hechos con acetato, una pasta negra derivada del petróleo.

En la calle circulaban los autos Impala, los Falcon, Galaxie, los VW, por supuesto; unos pequeños Datsun y Renault. Los Rambler y los Dart. El presidente de la República era Adolfo López Mateos y un poquito después, Gustavo Díaz Ordaz. Eduardo A. Elizondo era el gobernador.

No había supertienda, ni centros comerciales o “malls” como hoy.

La gente que no tenía oportunidad de ir a Laredo o McAllen, compraba su ropa en Woolworth, el Nuevo Mundo, Barateros de México, Sears, El Boulevard, Almacenes García, Las Cuatas o en las tantas tiendas de ropa del pasaje Calderón, en la calzada Madero.

Sears era lo más moderno y parecido a una tienda departamental, lo mismo que PH.

La gente se tomaba el café en el Luisiana, el café Flores, La Concordia, La Puntada, en el AL, el Pálax, el Manolín o el Brasil.

Claro, si querías unos tacos rojos dorados, tenías que ir por el rumbo de Zaragoza y a un lado de Palacio federal estaban los tacos de don Chuy; si querías un pastel ibas a la Pastelería Monterrey y comprabas un “mechudo” de coco en 8 pesos; si querías pan sabroso y calientito ibas El Nopal, por el rumbo de Catedral, o  a La Superior, de Ruperto Martínez y Guerrero. Si se te antojaba un tepache ibas a Tapia y Juárez frente al Teatro Calderón; si querías un caldo de pescado ibas a los puestos del mercado Juárez o Colón y si te apetecía un menudo, en el Rubio, de Madero.

No existían los Vips y Starbucks estaba por nacer en 1971, en Seattle, Washington, pero tardaría décadas en llegar acá.

Los camiones urbanos cobraban 25 centavos. Las rutas principales que recorrían la ciudad eran la Ruta 14 que iba a San Nicolás; la Ruta 1, que llegaba por los rumbos del Obispado; las rutas 47 y 48 que iban hasta Guadalupe por Linda Vista hasta la Col. América, y la 70 que pasaba por Col. Paraíso y llegaba hasta la Expo Guadalupe.

Ya si la gente quería ir con el rumbo de los Los Lermas, tomaba un autobús foráneo, un San Juan-Cadereyta en Espinoza y Juárez o un Cadereyta-Reynosa en la central camionera. Había unos camiones grises Circunvalación que le daban vuelta al primer cuadro de la ciudad y otros negros con una raya roja de la ruta 4. Además de los naranjas que  pasaban por la Col. Mitras y luego seguían hasta “el fin del mundo” hacia la entonces despoblada Col. Loma Linda, en el noroeste de la metrópoli.

En la radio se escuchaba la estación XEH, radio Actualidades, la XEFB, que operaban desde sus estudios en 5 de Mayo y Juárez, a un lado de la Farmacia Benavides. La XET de Monterrey que trasmitían novelas y programas musicales; a media tarde, la Hora del Café con Luis de Carral; Rancho 99, con Jeremías Becerra y Rómulo Lozano; El Molcajete con, Doña Chole y Don Albino; un programa deportivo con don Manuel González Caballero, hablando de beisbol; la Ruta de la Alegría con Felipita Montes y Chabelo Jiménez y novelas como Kalimán, Una Flor en el Pantano, Corona de Lágrimas o Porfirio Cadena, El Ojo de Vidrio, una producción hecha totalmente en los estudios de la XET con actores locales.

El programa de Rancho 99 lo patrocinaban la cerveza Norteña, y casa Raúl, de Laredo o McAllen, Texas.

En las demás estaciones la música era de diversos géneros. Existía la XEG donde tocaban música tropical de la Sonora Santanera, Pérez Prado, la Sonora Matancera con Celio González como vocalista; Rigo Tovar estudiaba la Primaria en Matamoros, en ese tiempo, pero ya existía Sonia López, Linda Vera, Mike Laure, Bienvenido Granda, Benny Moré y algunos otros cantantes caribeños.

Había otras estaciones de Radio la XENV, Radio Alegría y la MR, ambas de la familia Estrada.  No existía la FM. Estrellas de Oro tenía la XEAW, y una más llamada Radio Felicidad donde tocaba música instrumental y Clásica. Ahí desfilaban las voces de clásicos de aquellos tiempos como Frank Sinatra, Dionne Warwick, Mireille Mathieu, Edith Piaf, Aretha Franklin, Charles Aznavour y bandas y orquestas como la de Louis Armstrong, Benny Goodman, Glenn MiIler, Roger Williams, Percy Faith, Hugo Montenegro, los Sonidos Orquestales, Los Anillos de Bronce, Herb  Alpert, Tony Mottola y Santo y Johnny Farina, entre muchos otros.

Los Rayados jugaban en el estadio Tecnológico y la afición escaseaba. Lejísimos de lo que es el futbol profesional en la actualidad.

Jugaban los Jabatos de Nuevo León en Primera División, al igual que Rayados y los Tigres de la UANL estaban en la Segunda División cerca de los años setenta.

Los Sultanes de Monterrey jugaban en el viejo parque de beisbol Cuauhtémoc de la calzada Victoria, a unas cuantas cuadras de Cervecería.

Las principales industrias era Hojalata y Lámina, Cervecería, Vidriera Monterrey, Empaques de Cartón Titán, Tubacero, Celulosa y Derivados, Industrias el Álcali, La Moderna, Imsa, Aceros Planos y por supuesto La Fundidora de fierro y acero.

La ciudad olía diferente…

Por el rumbo de la Ciudad de los Niños, en La Pastora, olía a río, a hierba fresca; rumbo a la colonia Talleres, por el rumbo de Edison y la Placita Santa Isabel olía a galletas de vainilla de la Gamesa, la empresa que era de la familia de Alberto Santos de Hoyos, los pioneros de la Col. del Valle; un poquito más allá, hacia Simón Bolívar olía a tabaco de La Moderna y un poquito más acá, por Venustiano olía a dulce por la dulcería La Imperial que producía una paletas gigantes de fresa, el chicle Totito y el mazapán Azteca. Por la colonia Industrial, a malta y cebada fermentada aromatizaban el ambiente; hacia la Punta de la Loma olía a frescura, a monte y agua limpia; por el rumbo de Félix  U. Gómez, a pan de la Bimbo, rumbo a  Apodaca, el aroma era parecido a la Colonia América donde estaba la galletera Marsa y por Madero, a café recién tostado de la fábrica donde hacían el Café K0.

Por supuesto que había contaminación, pero nada parecido a la actualidad. Los índices de la contaminación industrial eran mucho más bajos, y el parque vehicular, infinitamente menor al de estos tiempos.

En la TV estaba Pipo, el Dr.IQ, las aventuras de Capulina, Héctor Martínez con un concurso de habilidades escolares. Variedades Vanart en la TV nacional con un locutor llamado Ángel Fernández que luego se convertiría en famoso cronista de futbol soccer.

Rómulo Lozano tenía un programa de aficionados en el Canal 6, propiedad Telesistema Mexicano, lo que luego se convertiría en Televisa; y los lunes tenía otro llamado Buscando Estrellas.

En la tele había series dobladas al español como Yo Amo a Lucy, Mr. Ed, Rin TinTin, Mi Marciano Favorito, el Súper Agente 86, Viaje al Fondo del Mar, Bonanza, El Gran Chaparral, Batt Masterson, Combate, El Hombre del Rifle, Daktari, Mi Bella Genio, La Isla de Gilligan y Perdidos en el espacio, Comandos del Desierto, entre muchas otras.

Y en la XEFB se escuchaba la serie cubana La Tremenda Corte con Tres Patines, un programa que luego produciría Sergio Peña, para televisión en Monterrey, con los mismos actores cubanos Aníbal de Mar, Leopoldo Fernández “Tres Patines” y Mimí Cal, quien daba vida a Nananina.

Roberto Hernández Jr. tenía un programa de rock con los artistas de moda: Vianey Valdez, Polo, Jorge Barón, Juan el Matemático y muchos grupos que se presentaban también en el otro programa conducido por un jovencísimo Héctor Benavides, llamado El Clan del Martillito.  Bandas como Los Toppers, Los Rockets, Los Apson, Los Reno ambientaban con su música los hogares regios.

El rock en la ciudad de México lo dominaban otros artistas como Enrique Guzmán, Alberto Vázquez, Johnny Laboriel y César Costa, además de Angélica María y grupos como los Locos del Ritmo, Los Belmonts, los Hitters, Los Teen Tops, Los Yaqui, Los Camisas Negras, Los Rebeldes del Rock y varios más, pero en Monterrey era la locura. Polo y Vianey, además de Los Reno y los Toppers eran la sensación y vendían decenas de miles de discos.

Los lugares para pasear eran La Alameda, donde había un resbaladero gigante y nunca faltaba el señor vestido de caqui y una cámara para sacarte una foto instantánea montado en un caballito de madera; también paseaban por el parque España, en Los Rodríguez –donde hoy está Citadel, por el rumbo de La Fe– La Punta de la Loma, en el boliche del Obispado, a darle vuelta a La Purísima o tomarse una malteada en La Puntada.

Los mercados Juárez, Hidalgo y Del Norte, así como el aún vigente Mesón Estrella, surtían a las amas de casa de la verdura y frutas para la semana. Había tiendas grandes como Azcúnaga, SuKasa y Autodescuento, antes de todas las trasnacionales que llegarían después.

La primera Soriana de la ciudad, esto ya entrando en los 70, fue la de Bernardo Reyes y Colón.

Los cines de aquellos tiempos era el Elizondo, el Florida, Juárez, Rex, Reforma, Lírico, Encanto, Monterrey frente a la Alameda y el Araceli. Poco antes del modernísimo Río 70 y el Cuauhtémoc 70.

Los domingos en Juárez y Madero se ponían los vendedores de libros y revistas usados para cambiar y vender todo tipo de literatura, novelitas, cuentos y revistas de todo tipo.

Esa era la vida de una ciudad pujante, trabajadora que despertaba a las 4 de la mañana. La gente se iba al trabajo temprano y regresaba a media tarde para sentarse en la banqueta afuera de la casa, en una mecedora, a la sombra y ver a los chiquillos jugando béisbol o futbolito en la calle.

Mientras, el olor de las tortillas de harina y frijoles con chorizo invadía la casa y la familia se disponía a cenar para decirle adiós a ese día y reponer fuerzas para el que estaba por llegar.

Esta historia continuará…

Reynaldo Márquez