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Literaria

El mundo por Montoro… digo montera

Aunque para el caso es lo mismo decir una cosa o la otra, tanto Montoro como montera en este caso son sinónimos, el dicho y lo que significa se aplica a ambos. Por si acaso alguien no sabe qué es una montera yo se lo explico: es un sombrero (o algo por el estilo) que usan los toreros y que por lo visto tiene su importancia simbólica, se la ponen o se la quitan para expresar situaciones, como torear por primera vez en un sitio, tirársela alguien del público, tirarla al suelo después de darle un paseo en redondo, en fin, varias funciones tiene el sombrerito.

Y ahora toca explicar qué es un Montoro. Se podría decir que es un señor que se pone el sombrerito de antes y hace lo mismo que los toreros y que es… vaya usted a saber, porque cada torero hace lo que le da la gana, lo mismo que este Montoro.

¿Y quién es?

Pues sé de él que es un ministro por lo visto muy preparado si nos ceñimos a su biografía, sin embargo, si nos ceñimos a los hechos conozco a una abuela que vive en el segundo de mi portal que podría ser ministra de Hacienda también, al menos doña Encarna no dice barbaridades y es prudente, y lo comprobé.

Ayer tarde la invité a un café y de forma maliciosa (pero sin maldad) le pregunté:

—Y dígame doña Encarna, ¿le parece bien lo que ha dicho la mujer esa de hacerle un corte de mangas a ustedes los viejecitos y encima en la televisión pública vetan la noticia? ¿a qué está mal? —a lo que doña Encarna me respondió.

—Pues mira Pedrito hijo, yo no entiendo de esas cosas. —Y le dio un sorbo al cafelito sonriendo. Quedó como un ángel.

Lo que contestó el hombre que tiene nombre de esposo del sombrero de torero fue:

—Pues cambie de canal.

¡La madre que parió a Panete!

Contéstenme con seriedad por favor. ¿Quién de los dos se merecería ser ministro? Ya sé que ninguno de los dos, pero pongamos por caso que hay que elegir a uno de ellos, ¿a quién elegirían? Bajo mi humilde punto de vista yo creo que doña Encarna está más capacitada, aunque no sepa de qué va el pleno y se pase el debate sobre el estado de la nación haciendo encajes para los patucos de su nieto, aun así sigo pensando que ella es la apropiada.

¡Qué gozada sería verla intervenir y responder preguntas!

—Señora ministra, pare un momento con los patucos y exponga qué harán con las palabras de la Secretaria de Comunicación en referencia a los pensionistas. —Y pondrá una pose digna de parlamentario interesado y apasionado que es lo primero que aprenden, parecer cosas que ni son ni sienten.

Ya me imagino la intervención de doña Encarna, seguramente bajará los patucos, se quitará las gafas y sonreirá:

—No sea usted tan tiquismiquis hombre, la pobre mujer no ha tenido nunca novio y por eso se pone nerviosa y dice tonterías, eso le pasa a cualquiera. —Y volvería a sus patucos sonriendo.

El otro no desistiría y le preguntaría lo mismo que yo:

—¿Y por qué se ha vetado en el ente público?

—Yo de eso no entiendo yo solo veo donde ponen «La copla». —Y de vuelta a los patucos que ya falta poco para que nazca el nieto.

Vale, estoy de acuerdo con vosotros, esto no conduce a nada, pero al menos nadie se sentirá humillado porque a ella nunca se le ocurriría contestar: «Pues cambie de canal», además tampoco cobraría 1.800 € de dieta de alojamiento siendo propietario de tres pisos en Madrid y posiblemente siga sonriendo con los patucos de su nieto aunque la pensión no le llegue ni para la lana y encima, pobre mía, se lleva un corte de mangas y a su edad, tendrá que joderse.

Ni con disculpas, ni con dimisiones será capaz de tapar el tipo de personaje que es usted.

Ese será su castigo.

Pedro Cuéllar