Categories
Literaria

La arqueología maldita

Un segundo después de ponerle título a este artículo me arrepentí. Recordé una serie de televisión antigua  presentada por alguien a quien yo admiraba porque murió, y admiro porque lo sigo respetando. La pregunta que  seguramente se harán es: ¿Y por qué no lo cambias?, la respuesta es porque no encuentro otro que le venga a este escrito como anillo al dedo. De manera que lo dejo y aprovecho la ocasión para hacer un recuerdo (dadas mis limitaciones en este campo no me atrevo a decir «homenaje») al maestro Jiménez del Oso.

Lo seres humanos tenemos la mala costumbre de mirarnos el ombligo más de lo debido, nos pensamos que lo establecido, no sé por quién, es cierto, hasta el punto de obviar e incluso hacer desaparecer otras alternativas o posibilidades que pueden, o no, ser ciertas, pero que al menos se merecen un punto de atención, por mucho que no hagan un buen maridaje con lo instituido y lo escrito.

Unos de los campos en los que esto se ve de forma muy clara es en la historia y la arqueología, facetas en las que la soberbia del ser humano alcanza cotas bíblicas y nunca mejor dicho, porque creíbles o no (más bien esta última), las historias escritas en ese libro no se pueden escribir con mayúsculas, y sin embargo seguimos tirando de ellas para hacernos ver esto o aquello como indiscutible y hacernos morder un trozo demasiado grande tanto como para desencajar mandíbulas.

Podría entrar en la «enciclopedia salvadora» de Google y dar datos fijos sobre cantidad de años, nombres en latín como «hommo antigubus cavernicolus» y otros datos que al fin y al cabo ni importan, ni vienen al caso, porque lo que sí viene al caso hoy no es ni más ni menos que darle una bofetada imaginaria a esa realidad que, siendo redundante, es cierta, aunque también es cierto que la realidad y la verdad no tienen nada que ver una con la otra por muy sinónimas que sean. Esa realidad redundante, escrita en los libros «oficiales» es correcta, al menos en lo que a la Arqueología se refiere, no así en cuanto a lo acaecido en esas mismas épocas. Me explico, el hueso del «hommo antigubus cavernicolus» que se encontró en vaya usted a saber el sitio, tiene «chorro mil millones» de años, estamos de acuerdo, estoy convencido de que lo encontraron, lo trataron como a un bebé, lo dataron y lo estudiaron, esa es la información concreta y es cierta. Lo que no es tan cierto es tirar por tierra ese trabajo para decir: «El ser humano tiene una antiguedad de “chorro mil millones” de años», eso ya es mirarse el ombligo, porque hasta yo, un simple aficionado, sabe que, por ejemplo, en las costas japonesas y bajo el agua hay una pirámides de construcción artificial que tiene «chorro mil uno millones» de años y a esta también la encontraron, la trataron como a un bebé, la dataron y la estudiaron, por lo tanto tan creíble es una como otra. Otro ejemplo es que un geólogo dedicó su tiempo a estudiar las capas de La Esfinge en Egipto, y el buen hombre se deja caer con que la erosión de su base tiene algunos años más que los ya famosos «chorro mil millones» y si La Esfinge ya tiene esa erosión y ese tiempo, no hay que ser científico ni Premio Nobel para decir que los que la hicieron también, por sí sola no se hace. Hay muchos casos y quizá más espectaculares que estos, Latinoamérica está plagada de restos y culturas tan antiguas como avanzadas e impredecibles (no casan muy bien el nivel arquitectónico y cultural con los sacrificios rituales humanos); hallazgo de aparatos y objetos que no tienen nada que ver con la época en las que los hallaron (los llamados ooparts), etc. Esta es la Arqueología maldita, la pregunta es: ¿por qué es maldita? Sinceramente no tengo una respuesta válida, no sin hablar de prepotencia, intereses más o menos ocultos, soberbia y manipulación dirigida.

Terminaré, para no ser demasiado polémico, con una pregunta a la que ustedes tienen que responder para adentro:

¿Qué es más creíble?

1.- Todos procedemos de Adán y Eva.

2.- Hallazgos demuestran que antes del ser humano hubo civilizaciones avanzadas.

Ya sé lo que se respondieron en su interior, lo que me lleva a preguntar de nuevo:

¿Y por qué se da por hecho la primera y se trata como locura la segunda?

Otra vez a responder para adentro. ¡Jesús qué cruz!

Pedro Cuéllar