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Literaria

La indignación oculta

 

Todos los que son lectores míos, tanto asiduos como ocasionales, saben que no suelo entrar en descalificaciones y muchos menos en insultos, y crean que a veces eso cuesta más que construir un castillo. La indignación suelo canalizarla a la sátira; la injusticia a la pregunta irónica y la estupidez al humor escrito.

Sin embargo, esta vez no solo me está costando, sino que esto que están leyendo lo he tenido que reescribir más de una docena de veces. La prosa, si no ponía en algún sitio un «vieja asquerosa…», no me salía fluida, aun así me contuve y no lo puse, hice mi mejor esfuerzo pero ¿qué quieren que les diga? no me salía.

A reescribir de nuevo. Cuando ya superé lo de «vieja asquerosa…» y la prosa me estaba gustando, de nuevo me trabo por culpa de un «con ese careto no sé ni cómo te atreves a salir en las fotos…» y eso sí que no podía ponerlo porque va en contra de todos mis principios, lo malo es que de repente apareció de no sé dónde un «tienes la misma cara dura que tu jefe, so corrupta…» y fue cuando se descompuso todo el artículo.

Tuve que borrarlo todo y empezar de nuevo, de manera que decidí hacerlo fácil. Tan solo me haré eco de la noticia y después ustedes ya dirán, yo prefiero no involucrarme con las cosas esas que dije antes.

La noticia en cuestión es que la Secretaria de Comunicación (encima de comunicación para más petate) Carmen Martínez Bordiú, no, no, perdón, Bordiú no, es Castro, pues eso esa… joder ahora no sé que poner… ¿señora? ni hablar… ¿persona? mucho menos… ¿mujer? no que después me tachan de machista por compararla con las mujeres… bueno en literatura existen palabras comodín (cosa, asunto, et.) que los correctores solemos quitar, ahora no tengo más remedio que usar una.

Continúo pues:… Castro, pues eso, esa cosa fue a recibir a su jefe, el Presidente del Gobierno y se encuentran con una manifestación de pensionistas en Alicante, los abuelitos protestaban por unas pensiones dignas y cuando vieron al Presidente lo abuchearon, en ese momento la cosa que dijimos se deja caer con:«Entran ganas de hacerles un corte de manga de cojones. Os jodéis».

Como dije antes, no voy a poner cosas a las que no estoy acostumbrado, ya me he cansado de reescribir esto. Lo que sí diré es que lo miremos desde otra perspectiva. El señor Presidente, en su campaña, alabó, mimó y glorificó a los pensionistas como «hombres y mujeres que han dedicado su vida a este país», eso dijo. Si yo fuera Presidente y una secretaria mía dice lo que dijo esa cosa, no dura ni el tiempo de echarse el flequillo para atrás. Pero no es así, la cosa sigue en su sitio, y el Presidente seguirá diciendo pavadas y esperando que lo creamos.

Si no fuera por el miedo políticamente genético que le tenemos en este país al cambio, usted no quedaba ni para vender sus famosas «chuches» y, por supuesto, la ralea con la que se junta y que nos ha impuesto, mucho menos. A la cosa que dijo eso le diré que espero que la pensión de su mamá y su papá sea adecuada porque a lo mejor estaban entre los manifestantes y hacerle un corte de mangas a un padre está muy feo, aunque de ustedes se puede esperar uno todo.

 

Pedro Cuéllar