Categories
Varios

La política, las religiones y el lenguaje

Al revés de lo que pueda parecer, lo digo por el título, no es mi intención hacer ningún tipo de crítica,  y antes de nada, debo decir que eso de «crítica constructiva» nunca lo vi demasiado claro. Por definición, criticar es analizar algo y valorarlo, pero siempre se hace esto siguiendo los criterios propios, también se puede decir que es hablar mal de alguien o señalar alguna tacha o defecto, de manera que no veo muy claro donde encaja lo de «constructivo», doctores tiene la iglesia. Como iba diciendo, no voy a hacer nada que pueda ofender las ideas o las querencias de nadie, al menos no será esa mi intención; sin embargo quiero que quede claro que las palabras que aquí se escriban serán puestas con el propósito de poner los hechos tal y como yo los veo, no podía ser de otra forma, ojala tuviera la facultad de ver a través de los ojos ajenos, muchos errores me hubiera evitado.

Muchos se preguntarán qué tienen en común esas tres facetas que rezan en el título. Lo primero y más evidente es que, además de respirar, son tres cosas que vemos, usamos, tenemos, oímos (aunque la mayoría de las veces no escuchamos), tocamos, decimos… a diario y en todo momento, queramos o no, forman parte de nuestra vida y de manera notoria. Digamos que son tres jarras que todos llevamos, una están más llenas que otras, depende de cada cual, pero es cierto que todas están en nuestro diario. De este modo muchas veces se solapan entre ellas y de esta forma, unas veces ayudan y aclaran y otras confunden, véase la desgraciada relación que hay entre la jarra de la política y la del lenguaje, me refiero al tristemente famoso uso del lenguaje que todo un presidente de nación hace: «A veces la mejor decisión es no tomar ninguna decisión y eso también es una decisión» o «cuanto más sepáis de todo, mejor. Por saber muchísimo no os va a pasar nada malo, luego ya veremos. Si uno es ingeniero o futbolista se le abren todas las puertas del mundo», y no me resisto a dejar atrás el «España tiene sobre todo españoles», ni «como decía Galileo, el movimiento siempre se acelera cuando se va a detener». Además de la supuesta gracia que deben hacer estas «perlas», lo primero que me pregunto es si en realidad le importamos algo a la persona que dice estas cosas, si realmente le importáramos lo más mínimo, tengan a buen seguro que estas cosas no saldrían a la luz, pienso que es más fácil un simple «sin comentarios» que soltar estas memeces. En este caso el lenguaje sale algo trastabillado, pero hay otras asociaciones que lo enriquecen, se crean giros y expresiones debidas a las creencias: «se vendió por treinta monedas» refiriéndose a un traidor, «lleva una gran cruz encima» cuando alguien soporta una carga o dolor, «me lavo las manos» cuando nos desentendemos de algo, «llorar como una Magdalena» en alusión al personaje bíblico, «ese camino es todo un Via Crucis» comparándolo con la dificulta que atravesó Jesús  … etc. Parece ser, por lo expuesto hasta ahora, que es el lenguaje el que está de una lado para otro y en desventaja con los socios que le tocaron, pero no es así, créanme que no. Él tiene sus propios recursos para defenderse y si es necesario incluso atacar y de la forma más despiadada que puedan imaginar. Por ejemplo haciendo uso de las figuras retóricas (y no es este su único recurso), veamos:

Usemos los silogismos, esto es el método mediante el cual se realiza un razonamiento deductivo. Es decir usamos dos premisas ciertas y esta dan lugar a una conclusión también cierta. Defendámonos pues:

Premisa uno. «Rajoy habla mal».

Premisa dos. «El que habla mal es necio e inculto».

Conclusión. Esto… corramos un tupido velo.

Esta es fácil y no demasiado agresiva pero también podemos usar un silogismo divertido:

Premisa uno. «Rajoy es mortal».

Premisa dos. «Un cerdo es mortal».

Conclusión. Pues vamos a tener que correr otro tupido velo, esto de los silogismos es peligroso, lo mismo acabamos donde Bárcenas.

Intentémoslo con otro más atrevido, uno que se salga de la definición original, vamos a atrevernos y a lanzarnos al proceloso rio de los más buscado por el régimen, total, visto lo visto, poco puede pasar:

Rajoy habla mal

Mi abuelo habla mal

Rajoy es mi abuelo

No se crean esto, que más quisiera ese ser mi abuelo, es solo una forma de decir que no le hagan mucho caso a esto de los silogismos, no es que no sean verdad, es simplemente, que no son ciertos, como dijo nuestro presidente:«Todo lo que se ha publicado en los medios no es cierto, salvo algunas cosas…». Me estoy arrepintiendo de haber empezado esto, total, si lo que tenía que decir es mucho más sencillo, sin darle muchas vueltas lo digo y punto o a otra cosa que esta es fea:

—Rajoy es un cretino, no creo en nada y las palabras me consuelan. Y no me voy a retractar.