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Literaria

Las preguntas correctas

 

Nos estamos equivocando, y los que saben de esto que es el arte del engaño a través de la demagogia se están aprovechando: denunciamos de forma compulsiva; atacamos con segundas intenciones normalmente ideológicas; se nos ve el plumero porque tras la denuncia hay un ansia de poder y nunca se puede demostrar nada y si se demuestra se lo saltan a la torera por el simple motivo de que erramos más veces que acertamos, y esto es como el cántaro que va a la fuente.

Me digo a mí mismo miles de veces que aunque me entrene la C.I.A., la K.G.B. si existiera o quien sea, no sería capaz de aparecer ante nadie si han demostrado mis fechorías y corruptelas y no ponerme rojo de vergüenza, y después me contesto y me digo: «pues claro que sería capaz» y es verdad, podría hacerlo porque es lo más fácil del mundo.

Si aprovechando mi posición, la que sea, substraigo sutilmente mesadas que me permiten un nivel de vida superior y al final me pillan, lo normal sería tener que devolver lo substraído y pagar algún tipo de castigo, incluso el despido si la falta es grave. Eso es lo que debería ser lógico. Pero si lo que ocurre es que en el comedor todos protestan por mi coche nuevo, alguno incluso me lanza papeles con las pruebas y me hacen preguntas supuestamente inteligentes como: «¿de dónde salió todo eso?, ¿cómo se puede tener tanta cara y no dimitir?, ¿está traicionando la confianza depositada en usted?, etc.», pero ya está, después de unas sonrisillas y un café tras el postre cada uno se va por donde vino a sus respectivos puestos, que si bien no les gusta porque ansían el mío, al menos los mantiene cerca, podríamos decir en línea de asalto de la posición.

No le demos más vueltas, no dudo de las capacidades para exponer la flagrante estafa, dudo de que quieran hacerlo, porque ellos hacen lo mismo y saben que lo harán si alguna vez pueden acceder al trono, así que conviene denunciar para parecer honesto, zarandear a la gallina de los huevos de oro pero por supuesto ni enfermarla ni mucho menos matarla. Esta es la realidad.

De manera que preguntar por las hipotecas de tal o cual político, los sobres voladores, los sobornos empresariales, las «donaciones deficientemente realizadas» (no se rían, así llaman estos elementos a la financiación ilegal de partidos) o cualquier otra desvergüenza nacional a ellos les importa un bledo. A lo más que pueden llegar es a sacrificar un cerdito al que callan vaya usted a saber cómo y ellos salirse por la tangente tan ricamente, y nunca mejor dicho. Por ejemplo del «cerdito» de Bárcenas ha sido sacrificado y hecho chorizos y morcillas, Los chorizos y las morcillas no hablan, están hechos para ser comidos y olvidados y como ellos saben de la condición humana, si se olvida el chorizo, por extensión, también se olvida la cochinera. Y así ha sido.

¿Alguien se cree que un presidente no sepa de esto? No digo que haya participado, eso sería dar palos de ciego porque por lo visto no hay pruebas. Solo digo que si como presidente sabía o no del tremendo desfalco de varios cientos de millones. Pues miren, si la respuesta es «no sabía» usted debe irse por incompetente y no caben excusas como la confianza traicionada o cualquier otra, usted es un INCOMPETENTE si no lo sabía. Y si la respuesta es «sí lo sabía, pero no participé» usted es COMPLICE. Y no caben más opciones, con cualquiera de las dos debe irse.

No voy a hacer preguntas equivocadas, no voy a inquirir sobre los pisos de Pontevedra, Madrid, Canarias, etc. eso me supongo que los ganó usted como registrador de la propiedad, vamos a creérnoslo. Solo quiero que se vaya y mientras más lejos mejor, por incompetente o por cómplice.

 

Pedro Cuéllar