Los apoyos heroicos

Los titulares se referían a «manifestantes profesionales…», lo mires por donde lo mires, profesional significa pagado, tampoco hay que ser una lumbrera para saber de quién reciben el beneficio, ni mucho menos menospreciar la ardua labor que se traen entre manos, banderas incluidas, gritos de descontento contra los oponentes, algarabía por la presencia del ínclito y todo esto bajo una lluvia de castigo, lo que hace aún más heroico y creíble el acto. Sin embargo, una pregunta se me viene a la cabeza: ¿Todo esto es por un debate? Me cuestiono el hecho de que si a alguien le da por meterse en la trifulca, antes, durante o después del mismo y se para a preguntar: «¿Usted sabe lo que están diciendo adentro?» estoy convencido de que las respuestas irían desde el más escueto «¿eh?» hasta el atrevido y enervado que nos tacharía incluso de traidor por hacer una pregunta de la que nadie sabe la respuesta.

En ningún lugar del mundo es diferente. La raza política, compra, vende, amenaza, intimida, engatusa, miente. Los resultados siempre son los mismos, el que más apoyos heroicos consiga será el ganador y ese casi siempre es el que más paga. Por eso no importa demasiado lo que se diga en la tertulia, allí se trata de hacer uso de una cualidad muy bien aprendida por todos los que se dedican a esto: el arte de construir dándole patadas a la pared del vecino. Lo más triste de todo esto es que nuestras vidas estarán en sus manos, y nos dirán que no tenemos derecho a la queja porque nosotros los elegimos y no les falta razón.

La única alternativa lógica y pacífica que veo no es otra que la cultura, el lento pero inexorable aprendizaje de las personas. Debemos ir aprendiendo a diferenciar lo que se dice y lo que se hace de lo que nos venden como señuelo, del mismo modo que saber cómo sacar sus manos de nuestros bolsillos, y dejar de poner las nuestras juntas, a modo de rezo, como el que pide al Dios insensible que haga algo para que paren de una vez por todas, porque a este paso vamos a tener que aprender por nosotros mismos que la mejor forma de salir de esto es no prestarles ni un minuto de atención, por muchos dientes que enseñen y muchos signos de victoria que nos muestren.

Lydia Cruz