Los contextos y las preposiciones inadecuadas

En su discurso, cuando menos polémico, Botella al mar para el dios de las palabras (Zacatecas, México. Primer Congreso Internacional de la Lengua Española), don Gabriel García Márquez  nos invita a jubilar a la ortografía. Creo que es la única vez en la que no puedo estar de acuerdo con el maestro, al menos no en todo. Sé que en su afán de separar los dos oficios literarios (gramáticos y escritores) se aferra a la defensa del que es el suyo y abre una brecha, creo que innecesaria, entre los dos. Llegó a decir en una entrevista posterior que los escritores solo tienen que hacer eso, escribir y que para poner todo en orden están los correctores y lo que él llamó «puristas». Bien, estoy de acuerdo, yo mismo soy corrector, así que me conviene ese pensamiento; sin embargo no todo es tan sencillo. En este bendito idioma existen tantas opciones y posibilidades que por cambiar una b por una v o por omitir una hache no vamos a perder el sentido de lo que queremos decir, quizá perdamos un poco (o un mucho) de credibilidad si lo ponemos mal pero nos haremos entender y esto es porque por encima de la misma gramática y la ortografía están los contextos. Me explico. Nadie va dejar de entender lo que queremos transmitir si escribimos: « la baca pasta en el prado», a nadie en su sano juicio se le ocurre pensar que la baca a la que nos referimos es la de un coche, es el contexto el que nos aclara que la «baca» a la que nos referimos es la de la leche, hasta el más neófito en la materia se daría cuenta. Por supuesto que esta interpretación es muy simplista, profundizar en la palabras de Gabo llevaría muchos folios y mucho estudio, por eso ejerceré de puente mediador entre las dos opciones. Para darle la razón al maestro he de decir que en el uso coloquial (hablado) de las palabras es evidente que nadie distingue si hemos dicho que «cortaremos madera con este hacha» o «cortaremos madera con este “acha”», a no ser que no seas de mi pueblo (Extremadura) en donde la h la convertimos en j, en el lenguaje escrito no, aquí es cuando debemos tirar de gramática, ortografía o en su defecto del contexto; pero no abusemos, el contexto no puede salvarnos de errores ni blandirse como excusa para esta revolución literaria, el idioma es el que es y para no caer en los simplismos debemos usarlo de forma correcta, aquí no caben gustos, lo más que se permite son adornos, para no hacerlo muy extenso me centraré en las preposiciones para explicarlo.

Por mucho contexto que busquemos, por muy entendida que sea la frase y por muchas faltas ortográficas que pongamos, no es correcto hacer un mal uso de las palabras, aunque la costumbre nos invite a pensar que es adecuado. Propondré un juego para explicarlo.

¿Cuál de las formas es la correcta?: «el médico recetó pastillas para la fiebre», «el medico recetó pastillas para la fiebre» o « el medico recetó pastillas para fievre»… ¿eligieron la primera?, debo decir que si hicieron eso, tampoco están de acuerdo con Gabo y desgraciadamente tampoco están de acuerdo con lo correcto. Ni el contexto, ni la revolución literaria se pueden saltar a la torera el hecho de que ninguna de las tres es correcta, «el médico recetó pastillas contra la fiebre» esa es la correcta por más que lo que hayamos oído y leído más a menudo sea lo que eligieron. Con una de ellas (me refiero a las preposiciones) se da el caso de que incluso la R.A.E. tomó cartas en el asunto y algún que otro libro circula por los estantes (por ejemplo Las 500 dudas más frecuentes del español o Nueva gramática de la lengua española), hablo de la «a», quizá sea la preposición que se preste a tener más valores y por tanto la más agredida cuando se trata de hacerlo mal, tanto es así que suele usarse como comodín en lugar de otras y en estructuras (copiadas del francés) que se dan por buenas. «El dinero a repartir, la política a seguir, los pasos a dar…», la Academia se limita a dar un consejo y recomienda el uso de otras locuciones, por mi parte, a lo mejor, por aquello de que me recuerdan a Francia y a su chauvinismo recalcitrante, con el que no me llevo muy bien que digamos, voy más allá que la R.A.E. Me parece pobre y penoso que usemos estas estructuras y encimas nos pensemos que somos cultos, aun así debo reconocer que hay expresiones que nos ganan, siempre dije que el peor enemigo de uno es la costumbre: «olla a presión, avión a reacción, cantidad a pagar…» digamos que en estas nos vencieron, no así, en los intercambios incorrectos:

—«Debemos resolver las cosas a la mayor brevedad posible». Por «con».

—«Es es un coche con suspensión a las cuatro ruedas». Por «en».

—«Venció a los puntos». Lo correcto sería «por».

—«Lo hicieron en función a sus intereses». Por «de».

—«De acuerdo al escrito del maestro…». Por «con».

—«Esos hechos son un agresión a la ley …». Por «de».

—«Es un claro atentado a la dignidad de…». Por «contra».

—«El corredor estaba a la cola del…». Por «en».

No voy a extenderme ni tampoco quiero sentar cátedra, tan solo quiero reivindicar el buen uso del idioma y de las palabras y no dejarnos vencer por enemigos tan fuertes como la apatía, el desconocimiento, los prejuicios, incluso la política. No está reñido entenderse con hacerlo bien, es más creo que nos entendemos mejor. Tampoco sería un pecado ser un poco chauvinistas en esto, sin llegar a ser francés, claro está.

 

Pedro Cuéllar