Pobreza, destino fatal

En México, si una persona nace pobre, seguirá siéndolo toda su vida. Y los ricos seguirán siéndolo. Por lo menos es lo que afirma un estudio dado a conocer por la Asociación civil Centro de Estudios Espinosa Yglesias. CEEY.

pobres
Estudio afirma que el 70% de la población pobre Seguirá siéndolo toda la vida

Según este estudio, el 70% de las personas que nacen en la pobreza tendrán ese estado de vida durante toda su existencia, y lo mismo sucede al otro extremo de la economía, en el que el 90% de las personas con los niveles más altos de ingreso, vivirán en la opulencia toda su vida.

Paralelamente a este estudio, están las conclusiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, OCDE, y que su directora, Gabriela Ramos, informa que los niveles de desigualdad en México son muy elevados, ya que el 43% de la población vive en la pobreza.

De los resultados de las investigaciones de ambas instituciones, se explica que este fenómeno se debe a lo que el CEEY clasifica como “movilidad social”, que consiste en las oportunidades para que una persona pueda tener más educación, mejor salud, empleos mejor remunerados y mejores pensiones que sus padres.

Según su estudio, en México esta movilidad social es muy limitada en los extremos económicos. Esta limitada movilidad entre los estratos de bajos ingresos y los de mayores ingresos, hacen hereditaria la posición socioeconómica y en la que no influye la mejora del nivel educativo.

Por su parte, la OCDE atribuye a que la pobreza, combinada con que las principales actividades económicas de las personas de pocos recursos, son informales, limitan e inhiben las oportunidades de mejorar la posición socioeconómica.

El CEEY propone cinco recomendaciones para incentivar la movilidad social, que se resumen en lo siguiente:

  1. Lograr una reforma fiscal que elimine la informalidad económica y logre mayor recaudación de impuestos.
  2. Que los sistemas de protección social sean universales y unificados lo que implican salud, seguridad social y pensiones.
  3. Mejora de la cobertura y calidad educativa, principalmente en los niveles medio superior y superior.
  4. Modificación del mercado laboral para que se flexible y al mismo tiempo seguro y sin discriminación.
  5. Mayor promoción a los instrumentos financieros como el crédito, ahorro y seguros.

Respecto a los puntos que propone esta asociación civil, si bien están cargados de buena intención, también hay que tomar en consideración que algunas de ellas son poco viables o contrarias a los cambios de las “políticas estructurales” que han ocurrido recientemente.

En el caso de la economía informal, las personas pobres viven una situación contradictoria. Por un lado, carecen de la formación y capacidad adecuada para desarrollar un trabajo formal, por lo que se ven obligados a realizar actividades por su propia cuenta, en general trabajos mal pagados o comercio informal.

Al carecer de trabajos formales, están aislados de los sistemas de protección social. Además de que muchos de éstos quedan fuera del alcance de este sector, ya sea por desconocimiento, por exceso de trámites burocráticos o por requerir de una empresa que los afilie. Además de que las aportaciones personales al sistema son percibidas, mínimamente, como erogación de una gran parte de su ingreso.

La calidad educativa es un tópico endémico desde hace muchísimo tiempo. Tenemos enfrente los conflictos sobre la reforma y evaluación educativa de los maestros; reforma que, a pesar de no ser lo más idóneo, si representaría una leve mejora, sobre todo, al conocer y mejorar la calidad metodológica de quienes serán educadores, y así se eviten los docentes improvisados, muchos con buena intención, pero sin conocimientos pedagógicos adecuados. A esto también podría agregarse una mejora en la educación media y superior, para dejar de crear empleados y desarrollar emprendedores.

Las modificaciones a la Ley Federal del trabajo han eliminado muchas garantías que se establecieron cuando se promulgó, como es, sólo por mencionar una, las causales de despido, que si antes tenían que ser justificadas, ahora puede suceder porque un jefe amanezca de malas, y nada sucede. Agreguemos que los sueldos ofrecidos en los empleos son bajos, lo que desmotiva a mucha gente a postular en los empleos formales.

Respecto al acceso a los productos financieros, en general, las personas pobres desconfían del sistema financiero, pues, cuando logran obtener un crédito, por lo general caen en insolvencia, principalmente por no tener una cultura financiera y una mala administración de sus ingresos, además que, hay que reconocerlo, los bancos en México tienen tasas de interés y comisiones de las más altas en el mundo.

Desde el punto de vista de este comentarista, no sólo es una cuestión de educación académica, que es lo que nos dan las escuelas, sino de cultura.

No en vano dicen los abuelos que “El que no tiene y llega a tener, loco se quiere volver”, que es un reflejo de la cultura tradicional sobre la pobreza y su falta de previsión y manejo de los ingresos. Si bien es una simplificación absurda decir que la gente pobre tienen una mentalidad de pobre, también encierra una verdad: el progreso o, como dice el CEEY, la movilidad social, está íntimamente relacionada con la cultura de cada individuo, de ese 30% que sí logra superar su nivel socioeconómico.