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Una enfermedad que no discrimina

La insuficiencia renal no discrimina: afecta a hombres y mujeres de todas las edades y etnias. Ataca en silencio, es decir, hace creer a las víctimas que están saludables mientras daña sus riñones de modo irreparable. La mayoría de las personas no saben que tienen esta afección hasta que pierden la función renal en un porcentaje considerable.

A algunas personas se las diagnostica por casualidad. Por suerte, es posible tomar algunas medidas para reducir el riesgo de padecer esta enfermedad, y hay pruebas sencillas para identificarla en cualquier etapa. “Nunca es demasiado temprano para empezar a tratar la insuficiencia renal crónica”, afirman algunos especialistas. “Cuanto más pronto se inicie el tratamiento, mayor es la función renal que se puede conservar”.

Se calcula que entre 8 y 10 % de la población mundial presenta algún tipo de insuficiencia renal, desde muy leve hasta muy grave; cientos de miles de personas. Muchas de ellas no lo saben porque la mayoría de los médicos no evalúan la salud de los riñones en los exámenes de rutina.

Las dos causas más comunes de esta enfermedad: hipertensión y diabetes, ambas asociadas con la obesidad. Según algunos cálculos, en una década podría duplicarse la incidencia de insuficiencia renal. Esto se debe a que consumimos más grasas de las necesarias y no hacemos suficiente ejercicio.

Aunque en los últimos años ha habido un aumento en la cantidad de personas que se someten a diálisis o que han recibido un trasplante de riñón, la cifra se mantiene baja. Los estudios indican que el 90 % de los pacientes renales no muere directamente por insuficiencia renal, sino por infartos o accidentes cerebro vasculares. Cuando la función renal se ve reducida, los trastornos cardiovasculares aumentan en forma exponencial en la mayoría de estos pacientes.

Los expertos están tratando de aumentar la conciencia pública sobre la importancia de cuidar los riñones. Estos filtran los desechos y el exceso de líquido de la sangre y los convierten en orina. Muchas afecciones, entre ellas infecciones y trastornos genéticos, pueden causar insuficiencia y daños en ambos riñones. Los cálculos renales, si bien son dolorosos, no provocan insuficiencia renal. Cuando los riñones no funcionan bien, los desechos y las proteínas se acumulan en el torrente sanguíneo, lo que ocasiona hipertensión y otros problemas que dañan, aún más, los riñones.

Descubrir a tiempo la insuficiencia renal puede ser una bendición, ya que hay formas de hacer más lento su avance.

Algunos datos clínicos indican que si se interviene pronto, se reduce la necesidad de diálisis. Las claves para prevenirla son controlar la hipertensión y la diabetes, llevar una alimentación saludable, hacer ejercicio con frecuencia y consultar al médico, entre otras.